CAPITULO 103 Voy a follarte con desesperación, preciosa.
Suspiró con placer, encantada de descubrir lo bueno que era Jace para los masajes. Otra más de sus virtudes. Claro que el hombre tendría sus bemoles, ya los iría descubriendo con el paso del tiempo y el crecer de la relación. Lo miró y sonrió. Reconcentrado, pasaba su puño con suavidad por su empeine, enviando un agradable cosquilleo por todo su cuerpo.
—¡Qué placer! Estoy muerta. Cuando dijiste que comenzaría a ejercitar, no imaginé que las lecciones serían tan intensas.
—Tu cuerpo no está aco