—No, perdón, no quise ser maleducada.
—No hay modo que una mujer tan bonita y agradable lo sea, cariño— el rubio le guiñó un ojo y el ruido estresado de Jace fue evidencia de su fastidio— Soy Joe.
—Hawk—gruñó el otro, cuyo gesto era distendido, pero sus ojos enrojecidos le daban un aspecto un tanto feroz.
—Te veremos en un ratito abajo, Tina. Soy el encargado de convertirte en una especialista en defensa personal.
—Muy bien. Me gusta la idea—dijo ella.
Ambos hombres se dirigieron afuera y cuand