Ya en el auto con Alejandro, miraba cómo iban pasando las calles por mi ventana, y a gente corriendo con un paraguas en mano.
Ojalá hubiera tenido uno de esos preparado; quizá así no estaría en esta situación.
—Bien —habló, sacándome de mis pensamientos—. ¿Cuál es la primera parada?
Eh… —revisé de nuevo la lista, esta vez algo mojada por algunas gotas de lluvia—. Tengo que ir a la tintorería, al mercado y a la florería —contesté, algo apenada—. Puedes dejarme donde te parezca más cerca y yo me