Capítulo 11: Sombras que regresan con nombre propio
La noche había caído sobre Atenas con la solemnidad de un telón antiguo. No era una oscuridad dócil; era densa, perfumada de sal y piedra vieja, de secretos que nunca terminaban de dormir. Desde los ventanales de su mansión, Artemis Stavros observaba la noche extendida a sus pies como un animal cansado, iluminado apenas por faroles y promesas rotas. El silencio en la casa era absoluto y demasiado agotador.
Artemis no estaba acostumbrado a ese