Capítulo 63 — Lo que vuelve a la puerta
El sol caía con suavidad sobre la ciudad, tiñendo la tarde de un tono cálido que contrastaba con todo lo que Nerina había cargado durante semanas. Por primera vez en mucho tiempo, no había prisa. No había audiencias, ni llamadas urgentes, ni decisiones que pesaran como piedras sobre sus hombros. Solo había risas y diversión.
— ¡Mamá, ese! ¡Ese! — gritó Evdokía señalando emocionada a uno de los cachorros que corría torpemente por el césped del refugio.
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