El humo se alzaba como un dedo acusador contra el cielo. Negro, espeso, y cargado con el hedor amargo de la madera quemada. Lo vi desde la ladera, apenas salí del granero. Y supe. No necesité que nadie viniera a darme la noticia. Era como si la tierra gritara su nombre.
Sienna.
La cerca del potrero este ardía. Las llamas habían devorado casi veinte metros de estructura y había cenizas flotando en el aire como presagios. No era solo una pérdida material. Era un agravio. Un insulto a la tierra qu