La Respuesta
En el despacho de casa, Callum permanecía inmóvil. El certificado y los anillos descansaban sobre el escritorio abierto, con esa nota corta que parecía un golpe certero directo al corazón:
“Ya no puedes decir que no.”
Eliot lo observaba de reojo, como quien contempla a un animal salvaje debatiéndose en su propia jaula.
- Bueno… - murmuró, recogiendo el papel - La fecha… fue justo cuando estabas en el hospital, ¿te acuerdas? Tú con tu crisis y ella resolviendo todo sin que lo supier