Orión
Las horas se desvanecían en un torbellino de sombras y sueños turbios. Las pesadillas me envolvían una y otra vez, cada una más atroz que la anterior, todas terminando de la misma manera desgarradora: con Octavia muerta en mis brazos. Esa visión recurrente era una tortura, un reflejo de mis peores miedos y ansiedades.
En algún momento, entre esos terrores oníricos, percibí vagamente la llegada de Heider y Robert. Sus voces eran apenas susurros distantes mientras preparaban algún brebaje c