Orión
Desperté en la oscuridad húmeda y fría de la mazmorra, cada parte de mi cuerpo gritando de dolor. Estaba atado, mis manos y pies asegurados con unas cadenas que se clavaban en mi piel. A mi lado, Jake temblaba incontrolablemente. Ambos estábamos cubiertos de cortes y golpes, testimonios de la brutalidad a la que habíamos sido sometidos.
Cada terminación nerviosa en mi cuerpo ardía como si estuviera envuelta en llamas, y el esfuerzo más mínimo para moverme se convertía en una tortura insop