Octavia
Pasamos el resto de la noche inmersos en la penumbra del campo de batalla, una sinfonía de gemidos heridos y el persistente olor a tierra mojada y sangre. Mis manos se impregnaban con la viscosidad del esfuerzo y la desesperación, mientras Orión desentrañaba las oscuras intenciones de los lobos enemigos.
Cada palabra que él pronunciaba resonaba en el aire, teñida de la fatiga que se aferraba a su voz. Su figura, erguida pero tambaleante, evocaba la imagen de un guerrero agotado que pers