La pila de billetes de euros llevaba veinticuatro horas sobre la mesa de corte, sintiéndose como un objeto alienígena. Era el primer dinero que Aurora ganaba con su mente y no con sus manos agrietadas por el agua hirviendo.
Pero el éxito era un faro, y la luz atraía miradas.
Celine D'Albret irrumpió en el apartamento al día siguiente. No tocó el timbre. Simplemente empujó la puerta con la energía arrolladora de un huracán comercial que hizo que Aurora quisiera esconderse debajo de la mesa.
—El