Catarina se giró lentamente.
Era una lentitud que no nacía de la vacilación, sino del control.
Miró a Emerson directamente a los ojos.
—¿De quién estabas hablando?
Él la estudió durante unos segundos, frunciendo el ceño. Había algo en su expresión —una tensión específica, casi imperceptible— que le reveló todo lo que necesitaba saber.
Ella no lo sabía.
O sabía menos de lo que fingía.
—De mí misma, por supuesto. —Se pasó la lengua por el interior de la mejilla y esbozó una sonrisa que no alcanzó