Leandro sintió un alivio inmediato al ver que uno de los empleados había “trabajado” para él; después de todo, incluso aceptando el soborno, el hombre no se había quedado callado. Fue esa brecha la que permitió a Leandro actuar. De lo contrario, con su limitada habilidad al volante, jamás habría logrado alcanzar el coche del hombre misterioso que rondaba la empresa.
En su ansiedad por impresionar a la directora, condujo de forma imprudente, casi rozando el bordillo con su coche seminuevo.
Catar