No puedo negar que me sentí ansioso y nervioso cuando llegué hasta el viejo reloj y me senté en el suelo. No quise pedirle el favor a nadie más, era algo que tenía que hacer yo, no podía dejar que el peso de tal responsabilidad cayera sobre alguien más, yo había empezado todo y yo mismo tenía que encontrar la manera de liberarnos, o al menos eso era lo que pensaba en aquella época.
—¿No ha comido nada? —pregunté al aire y varias de las chicas negaron.
—Hemos hecho comida rica y grandes porcione