La espalda le dolía de una manera infernal, sentía que con un simple movimiento podría romperse la columna. Su cabeza dolía demasiado y sentía frío, no entendía cómo Isaac había aguantado casi tres semanas en aquella celda, era horrible e insoportable.
—Tranquilo, vas a acostumbrarte.
Isaac suspiró mientras apoyaba su espalda en la pared y se abrazaba a sí mismo con mucha fuerza intentando proveerse calor.
—Desearía no tener que hacerlo, pero al parecer no me queda otra.
Un ruido se oyó y ambos