Mundo ficciónIniciar sesión¿Entrar en un bosque abandonado junto a tus amigos y a causa de eso volverte el Omega del posible nuevo jefe Alfa del territorio? No, Ethan jamás imaginó que pasaría eso.
Leer másValeria se quedó mirando el pequeño dispositivo sobre el borde del lavabo. Las dos líneas estaban claramente visibles. Su corazón empezó a latir con fuerza.
Tomó el dispositivo casero en su mano, necesitaba ver de cerca el resultado y asegurarse de que no eran imaginaciones suyas.
¡Estaba embarazada!
Apoyó una mano sobre el mesón de mármol, se miró en el espejo y respiro profundo. La emoción le iluminó el rostro, no podía creerlo, estaba embarazada.
Desde que inició su relación con Alejandro, dos años atrás, Valeria había estado cuidándose, tomando anticonceptivos. Alejandro, en más de una ocasión, había mencionado su deseo de tener un hijo, pero para Valeria las cosas debían hacerse de forma correcta.
Ella siempre había tenido muy claro que primero debía llegar el matrimonio. Solo después vendría un hijo. No era simplemente una idea romántica, sus padres le habían dicho siempre desde muy pequeña, que “los hijos debían nacer dentro de un hogar construido con compromiso.”
Tomó el dispositivo, lo miró una vez más y luego lo tiró dentro de la papelera. Después se lavó las manos, salió del baño y tomó su bolso. Tenía que confirmar con su médico que realmente estaba embarazada, además de saber cuántas semanas de embarazo tenía y si todo estaba bien.
Minutos después condujo hacia la clínica para verse con su ginecólogo. Llevaba dos años viéndose con el doctor Hernández, desde que decidió formalizar su relación con Alejandro.
El médico conocía bien su historial médico y siempre había sido directo con ella. Cuando Valeria llegó a la clínica, la recepcionista la reconoció de inmediato.
—Buenos días, señorita Valeria.
—Buenos días —respondió ella, todavía con el pulso acelerado—. ¿El doctor Hernández está disponible?
La mujer revisó rápidamente el sistema.
—Estás de suerte, justo una de las pacientes ha cancelado su cita. Puedes pasar.
Valeria le sonrió y caminó por el pasillo hasta el consultorio. El médico la recibió con la misma amabilidad de siempre.
—Valeria, qué gusto verte. ¿Todo bien? —preguntó sorprendido.
Ella dejó su bolso en la silla.
—Creo que sí… pero quería comprobar algo.
Le explicó lo de la prueba que había hecho esa mañana. El doctor asintió con calma.
—Entonces vamos a revisarte. Eso que me dices es algo que puede suceder. Todo método anticonceptivo tiene un porcentaje mínimo de falla y en ese porcentaje, aunque mínimo, toda mujer corre el riesgo de embarazarse.
Valeria se levantó, entró al baño para cambiarse y luego regresó. Se recostó en la camilla mientras él preparaba el ecógrafo. El médico aplicó el gel frío sobre su abdomen y comenzó a pasar el aparato encima de su vientre mientras ella miraba la pantalla sin entender demasiado lo que veía.
El doctor observó durante unos segundos.
Luego sonrió.
—Bueno… aquí está. —dijo señalando un pequeño punto en la pantalla y rápidamente comenzaron a escucharse los latidos del bebé—. Estás embarazada.
Valeria abrió los ojos conteniendo las ganas de llorar por la emoción.
—¿De verdad? —preguntó con voz temblorosa.
—Sí. —El médico ajustó la imagen—. Mira aquí. Ese es el embrión. Por el tamaño debe tener alrededor de un mes y medio.
—No lo puedo creer —dijo llevándose las manos al rostro.
El doctor imprimió la imagen del ultrasonido y le entregó el sobre con la ecografía.
—Felicidades Valeria.
Valeria tomó el sobre con cuidado.
—Gracias, doctor.
Minutos después salió de la clínica y ella caminó hasta su coche con una sonrisa que no podía ocultar. Subió y unq vez dentro del auto, volvió a abrir el sobre.
Sacó la ecografía y la miró por segunda vez.
—Un mes y medio —murmuró y apoyó la mano sobre su vientre—. Alejandro se va a volver loco cuando se entere —murmuró.
La boda estaba prevista para dentro de un mes. Siempre habían hablado de tener hijos después del matrimonio. Lo habían planeado así. Pero ahora que el bebé ya estaba en camino, no podía hacer más nada, sino recibir aquel ser con el mismo amor con que fue concebido.
Estaba embarazada del hombre que amaba, el primer hombre con el que estuvo, con quien fue mujer, con su prometido.
Valeria guardó la ecografía dentro del sobre y arrancó el coche. Durante el trayecto hacia la empresa no dejó de sonreír. Alejandro era un hombre ocupado. Dueño de una de las empresas más importantes de la ciudad, por lo que decidió presentarse en su oficina y darle la sorpresa.
Cuando llegó al edificio estacionó en el área de visitante, bajó del coche con el sobre en la mano. Subió los escalones y fue hasta la recepción.
La recepcionista levantó la vista al verla.
—Buenos días, señora Valeria. Ya le aviso al señor Mendoza que está aquí.
—Buenos días, Carla. No, no hace falta que le avise —dijo sonriendo— Quiero darle una sorpresa a mi marido.
La recepcionista asintió.
—Claro.
Valeria caminó hacia el elevador.
Segundos después llegó al segundo piso donde se encontraban las oficinas ejecutivas. El lugar estaba tranquilo. Algunos empleados trabajaban en silencio frente a sus computadoras.
Ella avanzó hasta el final del corredor, donde estaba la oficina privada de Alejandro. Pero antes de llegar se detuvo. Desde dentro de la oficina se escuchaban sonidos algo perturbadores.
¿Qué estaba pasando allí dentro?
Respiró profundo, el corazón empezó a latirle fuerte otra vez, pero ahora por una razón distinta. Se acercó a la puerta, giró el pomo suavemente, estaba sin seguro.
Abrió la puerta un poco, sólo lo suficiente para ver lo que estaba sucediendo, asomó la cabeza. Y entonces vio a Alejandro, él estaba de espaldas, inclinado sobre el escritorio y frente a él estaba Claudia, su asistente.
La mujer estaba medio desnuda, apoyada sobre la mesa. Sus manos se aferraban al borde mientras dejaba escapar gemidos entrecortados.
—Alejandro… —murmuraba ella.
Valeria se quedó inmóvil con el sobre en su mano. Observó la escena sin moverse, luego retrocedió lentamente y cerró la puerta con cuidado sin ser notada siquiera.
Había ido a darle la sorpresa a su prometido y la sorprendida, fue ella.
—Se ha vuelto todo un Alfa, al igual que su padre—dijo Connor mientras se prendía el saco y miraba hacia donde se encontraba Matteo jugando en el suelo, tenía muchísima tierra a su alrededor y la estaba usando para hacer pequeñas montañas.—Ya cállate—Ethan rodó los ojos y sintió el brazo de Connor pasar por sus hombros—No importa qué tan Alfa seas, estás bajo mi control—sonrió con superioridad—Además, nuestro pequeño tendrá buen carácter gracias a mí.—¿Eso crees?—Connor lo miró fijamente con una sonrisa y tiró un poco de él para besar sus labios cortamente—Ya veremos qué tan mal carácter tengo esta noche.Ethan sintió sus mejillas enrojecer y se llevó ambas manos al rostro para cubrirlo con ellas, se sentía algo avergonzado cada vez que Connor le decía cosas como aquella tan repentiHaroldente.—¿Puedes decirle por favor a tu hijo que deje de ensuciar su traje con tierra? Se supone que hoy te acompañará en la reunión—el moreno se quejó mientras se cruzaba de brazos mirando lastimosam
—¿Soy yo o acaba de patear?Connor miró a Ethan con una sonrisa en su rostro aún mientras mantenía su cabeza apoyada en el regazo de su Omega, se encontraba con la cabeza al lado de la grande panza del más pequeño y no dejaba de acariciar ahí con suavidad, estaba eHaroldorado y feliz, genuiHaroldente feliz.—Lo hizo, no sabría decir si lo hizo porque te apoyaste ahí e intenta demostrar que está feliz con ello o está celoso y quiere que te alejes de ahí, ya sabes.—Me ama, ¿cómo podría estar celoso de mí?Ethan sonrió y comenzó a acariciar el suave y castaño cabello de Connor con una mirada enternecida. Se mordió el labio inferior y después dirigió su mano a su estómago para proporcionarle caricias a éste.—Vamos a ser los mejores padres del mundo.—¿Eso crees, Connor?El castaño se reincorporó y miró a su esposo a los ojos fijamente. Sonrió de lado y se acercó a él para besarlo mientras llevaba una mano a su mejilla. En ese mismo momento sintieron una patada en el estómago de Ethan ac
Miró a su derecha y pudo dar con el rizado que se encontraba a su lado sonriente. Le guiñó un ojo y se acercaron a paso lento a la mansión. Iban a echar a Gideon, iban a tomar en posesión todo de nuevo y si las cosas no salían como esperaban, iban a huir de aquel lugar e iban a rehacer su vida junto a sus Omegas y Henry y el otro amigo de Ethan. Tenían todo listo, hasta habían ido a ver al Oráculo.—¿En qué puedo ayudarlo, joven Morris?—Necesitamos poder salir del territorio. Pero debe ser por tiempo indefinido, sé que hay una forma y necesito saberla.—Claro que la hay.—¿Cómo es? Debemos irnos hoy si las cosas salen mal.—De todas formas, la única manera en que podrían irse de aquí es dejando de ser híbridos. Para eso deberían beber de su propia sangre.—¿Eso es todo?—Sí, un vaso de sangre propia es lo que necesitan para poder irse del territorio.Connor y Harold se miraron algo dudosos ante aquello. No estaban del todo seguros, ninguno quería dejar de ser híbrido, era la única vi
El rizado se encontraba en la sala de espera junto al castaño y pequeño Omega que estaba a su lado. Jugueteaba con él y besaba sus labios cada tanto, haciéndolo reír de manera casi imperceptible. Parecían dos jóvenes adolescentes en pareja y con las hormonas revolucionadas.Mientras tanto, Connor se encontraba sentado al lado de la camilla en donde descansaba Ethan, inconsciente. Se veía demasiado bien. Al lado de Connor, E.C se encontraba dormido y C.M restregaba su hocico contra él cariñosamente.—También los extrañas, ¿no es así, amigo?Connor se atrevió a preguntarle a su lobo mientras hacía una mueca algo triste. Suspiró y miró al moreno fijamente sintiendo cómo su corazón latía con fuerza en su pecho, no podía mirarlo de otra forma, había caído por Ethan y había caído duro.Estiró su mano mientras una casi imperceptible sonrisa se asomaba por sus labios, era pequeña pero sincera. Suavemente acarició la mejilla del más pequeño en la camilla y soltó un suspiro.Lo amaba, mierda qu
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