—¿Magnus ya se fue? —le preguntó Bea por la mañana a Serafina, mientras desayunaba.
—Sí, dijo que pasaría a la estación de policía antes de ir a la empresa.
—Ni siquiera se despidió de mí.
—Supongo que cualquiera se enojaría si le meten a la cárcel a alguien que representa un vínculo con sus padres muertos.
—¡Ay Serafina, ojalá fuera eso!
—Cuenta, ya me dejaste con la duda.
—No puedo, si Magnus se enterara de que ando ventilando nuestras intimidades, probablemente se molestaría.
—¿Tienen probl