Hoy sería el gran día.
—Esto es increíble. Mamá no volverá a decir que eres un vago cuando sepa todo el dinero que estás ganando con tus conciertos.
—Para ella seré un vago hasta que me muera, aunque me sepulten en un ataúd de oro.
Pese a su creciente fortuna, el estilo de Steve no cambiaba. Las ropas viejas y gastadas eras sus prendas predilectas, aunque la gente se volviera para darle una moneda en la calle.
—Stevo, ¿ya terminaste? —preguntó una mujer, asomándose a la oficina donde él y Bea r