CAPÍTULO 49: mi primer aliado.
El vestidor principal de nuestra casa se sentía inusitadamente cálido esa mañana. Cristian estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero, con la camisa blanca impecable pero con el cuello aún abierto. Me acerqué a él a pasos lentos, vistiendo un traje sastre de dos piezas en un tono azul marino que gritaba poder, aunque mis manos seguían ocultas bajo vendajes limpios y discretos.
Tomé la corbata de seda oscura que descansaba sobre su hombro. Con una destreza que mi mente creía haber olvidado,