Cristian
El segundero del reloj de mi tablero avanzaba con una lentitud exasperante. Estacioné el coche en el nivel más apartado del estacionamiento subterráneo del centro comercial, un lugar sombrío y desierto a esta hora de la tarde. Apoyé las manos sobre el volante, soltando un jadeo sordo; el dolor de mis costillas rotas seguía siendo un recordatorio constante de mi fragilidad física, pero mi mente estaba en otra parte.
El men