Zamira
La enorme oficina presidencial del Holding Del Castillo solía ser mi santuario de paz, pero esa mañana la atmósfera se sentía cargada. Estaba de pie junto al ventanal de cristal, contemplando el perfil de la ciudad, cuando las puertas dobles se abrieron sin previo aviso.
Leonardo Cavalli entró con su habitual elegancia aristocrática, pero esta vez traía los ojos encendidos con el brillo del triunfo absoluto y un descomunal ram