Nicol
El lunes por la mañana se sentía como caminar directo hacia un paredón de fusilamiento. Cuando crucé las puertas de cristal de la empresa el murmullo de los empleados de recepción se detuvo en seco. Las miradas juzgadoras y los cuchicheos maliciosos me persiguieron por todo el vestíbulo. En las redes de la alta sociedad ya corría como pólvora el chisme de lo que había pasado en el Blackwood: Zamira y yo bañando en alcohol