Cristian
El brillo azulado de la pantalla de mi computadora era la única fuente de luz en la penumbra de mi despacho. Afuera, la madrugada envolvía la mansión, pero dentro de mi cabeza el ruido era ensordecedor. Tenía el teléfono pegado al oído, escuchando la respiración agitada de mi investigador justo después de que el indicador de descarga de mi correo privado llegara al cien por ciento.
—Señor Smith, el archivo está en su b