La aldea despertaba con una serenidad distinta aquella mañana. El bullicio habitual seguía presente: los niños corriendo, las voces de las mujeres negociando en el mercado, el sonido metálico de espadas en el área de entrenamiento. Sin embargo, para Nora, todo parecía teñido de un matiz diferente. Había dormido mejor que de costumbre. Ignorando por completo el encuentro que tubo con Eva.
Se recogió el cabello con un lazo sencillo, tratando de ordenar sus pensamientos junto con los mechones rebe