La casa del clan estaba en silencio, pero el aire parecía cargado de presagios. Nora caminaba por los pasillos angostos, sintiendo cada madera crujir bajo sus pies, como si la misma casa conspirara contra ella. La luz de las lámparas colgantes iluminaba de manera tenue los retratos de los antepasados del clan, cuyas miradas severas parecían juzgarla. No había nadie más… o al menos eso creía.
Al llegar a la sala principal, la vio. Eva. La Beta del clan, elegante y segura, con una sonrisa que hela