El intenso cosquilleo que las caricias mañaneras de Isabella le provocaban acabó por despertar a Jacob.
—¿Quieres hacer ejercicio tan temprano? —cuestionó él.
Ella le repartió besos por el cuello, mientras la mano se apoderaba de su miembro, que había despertado mucho antes que él. Seductora y mimosa, se dedicó a encenderlo en el silencio de la habitación, interrumpido únicamente por sus suspiros.
—Lo bueno de estar contigo es que no tengo que ir tan seguido al gimnasio —reflexionó Jacob.
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