Pilar lo veía, y no lo podía creer, no solamente era Pamela entreteniendo a su pequeño Caleb, también eran sus dos esposos, haciendo caras, hablando como niño pequeño, hasta que finalmente Caleb se durmió.
—Eso fue… sorprendente, aunque debo de reconocer que me siento mal, creo que Caleb está demasiado acostumbrado a que sea Ares quien se encargue de él a la hora de su siesta.
Pamela sonrió, aunque no debería, ella solo debía decirle la verdad, salvo que no sabía cómo hacerlo, además que primer