Pilar lo veía, y no lo podía creer, no solamente era Pamela entreteniendo a su pequeño Caleb, también eran sus dos esposos, haciendo caras, hablando como niño pequeño, hasta que finalmente Caleb se durmió.
—Eso fue… sorprendente, aunque debo de reconocer que me siento mal, creo que Caleb está demasiado acostumbrado a que sea Ares quien se encargue de él a la hora de su siesta.
Pamela sonrió, aunque no debería, ella solo debía decirle la verdad, salvo que no sabía cómo hacerlo, además que primero tenía que hablar con Ares, y eso sí que ahora comenzaba a preocuparla.
—Lo que sucede es que eres madre primeriza, está muy bien que Ares te ayude.
—¿En verdad lo crees?, no lo sé, tú pareces una experta.
La risa del trío de esposos lleno la sala por un momento, por suerte Leticia se había llevado al pequeño Caleb a su cuna, donde había prometido vigilar su sueño, pues los señores Padilla no se encontraban en la mansión, algo que a Pilar la tenía preocupada, al menos un momento antes de que ap