La verdad nunca es fácil de asimilar, mucho menos de decir, y Pilar se había obligado a hacer una pausa en el relato atroz que había sido su vida, pues Caleb reclamaba su presencia, aun así, luego de haber escuchado todo aquello, los señores Padilla no podían evitar ver la forma en la que ese gran magnate, se movía junto a su hija, parecía ser que se había convertido en la sombra de Pilar, siempre un paso atrás de ella, no siguiéndola como un acosador, sino más bien como un Ángel de la guarda.
—¿Qué es lo que ese hombre quiere de nuestra hija?
Preguntó con preocupación Rosamel, sin percatarse que Leticia estaba a un lado recogiendo las tazas de café.
—La está ayudando cariño, si Pilar está viva, es gracias a él.
Respondió la mayor con la claridad que la situación le daba, pero Rosamel estaba inquieto.
—Daniel también parecía querer ayudar a nuestra hija, y ven el infierno en que la ha sumergido, lo mejor es convencer a Pilar de irnos de aquí, aún queda algo en nuestra cuenta, verdad,