La verdad nunca es fácil de asimilar, mucho menos de decir, y Pilar se había obligado a hacer una pausa en el relato atroz que había sido su vida, pues Caleb reclamaba su presencia, aun así, luego de haber escuchado todo aquello, los señores Padilla no podían evitar ver la forma en la que ese gran magnate, se movía junto a su hija, parecía ser que se había convertido en la sombra de Pilar, siempre un paso atrás de ella, no siguiéndola como un acosador, sino más bien como un Ángel de la guarda.