La tensión que se respiraba en el comedor era tan densa que parecía material, casi cortante. Pilar había dejado caer la noticia como una bomba imposible de esquivar, acababa de revelar que había escuchado a Pamela confesarle a Ares que Caleb era su hijo, y de inmediato, un silencio sepulcral invadió la estancia, dejando a todos los presentes paralizados en sus asientos.
Mateo, apenas podía apartar la mirada de Elizabeth, su esposa, que mantenía el ceño fruncido y el rostro surcado de preocupaci