Pilar soltó aquello, sin preámbulo alguno, en el preciso momento en que Ares se había recostado en el piso de la habitación a jugar con su hijo, el magnate tenía su cabeza apoyada en su mano, pero cuando Pilar soltó aquel deseo, ni siquiera Ares supo qué pasó con su cuerpo, que simplemente cayó y golpeó su cabeza contra el piso de madera.
—Por Dios Ares, ¿estás bien?
—Claro que estoy bien, ¿Por qué?, ¿por qué deseas ir al infierno?
Las mejillas de Pilar enrojecieron, se supondría que, al decir