—estamos listas señor Salvatore— dijo Leticia con mucho entusiasmó
—¡Vaya! Les quedó muy bien el uniforme, tengo buen ojo, vengan conmigo por favor— el lobo mestizo sale de sus pensamientos
Leticia y Mía siguen a Kians hasta el auto de trabajo. —Este es, es automático así que no es difícil de manejar, por el día de hoy no les voy a enseñar a conducir. Hoy van a aprender cómo repartir la mensajería
—muchas gracias señor Salvatore, usted tiene empatía con sus empleados— Mía sonríe forzosamente