—¿Por qué tan pronto?
Mi voz suena más débil de lo que quisiera. Solo de imaginar todo lo que implica… las responsabilidades, las miradas, las decisiones… siento un peso en el pecho.
Mi padre ni siquiera duda.
—Es algo que se decidió hace meses. La mesa necesita a los primogénitos.
Su tono es firme. No hay espacio para discusión.
—Yo te ayudaré —continúa—. Y tú, junto a Landeros, ya pasaron las dos fases… el casamiento y su heredero.
Aprieto ligeramente los labios.
—Ya es hora de involucrarse e