—¡Eres malo! —Lucy golpeaba su pecho mientras lloraba desconsoladamente—. ¡Eres muy malo!
Alan se dejaba golpear mientras sostenía a su esposa.
La atrajo con fuerza y le besó la frente.
Lucy se sacudía, chillaba y temblaba en sus brazos, soltando toda su frustración y dolor.
—¿Cómo pudiste ser tan cruel? —siguió reclamando Lucy sin dejar de llorar—. Decirme todas esas tonterías y después irte a tu estúpida misión…
—Lucy yo…
—No me des excusas Alan Hoffman —Lucy se separó de él interrumpiéndolo—