—¡Espero que tengas una muy buena razón para hacerme salir de los confortables brazos de mi sexi marido! —exclamó Dylan entrando a grandes zancadas a la habitación siguiendo a Jaime—. Porque has perturbado mi dulce sueño de belleza a estas horas de la madrugada y espero… ¡Ah!
Dylan grito muy espantado al ver a Alan.
—¡¿Quién le hizo ese sacrilegio a tu hermoso rostro?! —habló Dylan mirando a Alan con consternación.
Este solo negó con la cabeza, se había olvidado lo insoportable que era Dylan.
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