—¿Te queda mucho? Nos estamos durmiendo.
—Media hora, te lo juro.
Reí suavemente.
—Bueno... —susurré—. Intentaremos esperarte.
Ser padres no era difícil pero sin duda era mucho mejor cuando estábamos juntos.
Las pequeñas manos de Leo se aferraron a mi pecho y su cabeza casi ni pesó en mi hombro.
Diego llegó en media hora de reloj, sus llaves tintinearon abriendo la puerta y me levanté del sofá con Leo en brazos aunque se revolvió y en cuanto lo dejé en el suelo sus pequeñas piernas corrieron a