—No puedes pasarte todas la navidades lloriqueando por un capullo —le dije a Noah.
Me miró mal sobre el respaldo del sofá.
—Tú tienes una relación perfecta, no vale lo que tú digas.
Sí, bueno, horas atrás había discutido un poco con Diego al teléfono y llevaba unas semanas tan liosas que no nos habíamos visto mucho más que un par de veces que él apareció por el apartamento; pero sabía que no le gustaba estar aquí con Noah rondando, quería que estuviéramos solos y en parte yo también.
—¿Sabes? C