Rebeka luchó cuando se vio en el asiento trasero con Luciano, su peor pesadilla de nuevo, el hombre siempre bien vestido y perfumado con porte y todo un galán le daba repugnancia y se arrepentía de alguna vez haberse sentido enamorada de él.
—Quédate quieta o te golpeo.
—Jamás, desgraciado infeliz —Rebeka le lanzó un golpe con el puño cerrado, pero Luciano lo esquivó, le hizo una llave inmovilizando y la hizo mirar al frente.
—Mira a quién tengo —Rebeka observó que en el puesto de c