—Maldita sea, Diego ¿por qué amenazaste a Slashdot? —le reclamó Massimo cuando Franco salió de la casa.
—¡Deja de verme como un tierno cachorrito! —le gritó Diego—, no puedes resarcir lo que no hiciste cuando era un niño, ni siquiera te lo reclamo, pero soy el mismo hombre con pelotas al que metiste en esto, no vas a andar tratando de salvarme, nos haces daño a los dos.
—No tienes derecho a cuestionar mis procedimientos y si yo había decidido que no tendríamos problemas con Slashdot, de