Capítulo 43. La Semilla de la Duda.
Ya el hogar no era un lugar donde la frialdad de Noah dictaba el ritmo. Ahora, una calidez inusual impregnaba el aire, tejida con las miradas cómplices y los gestos tiernos entre Noah y Amelia.
El personal, acostumbrado a la distancia del señor Koch, no tardó en notar los cambios. Las sonrisas de Amelia eran más frecuentes y espontáneas, y Noah, el "gruñón" como le llamaban a sus espaldas, se mostraba sorprendentemente atento, un gesto inaudito para él.
Lucero, siempre observando desde su puest