La Cuna de las Traiciones
La habitación del hotel era un refugio de sombras y penumbra, iluminada apenas por el neón intermitente que se filtraba a través de las cortinas mal cerradas. El aire estaba cargado de un magnetismo animal, del rastro de dos cuerpos que se habían reconocido no por amor, sino por una ambición compartida.
Flor estaba sobre Matías, su cabello cayendo como una cascada de seda sobre los hombros de él. Sus movimientos eran rítmicos, posesivos, marcando el compás de una danza