El eco del silencio
La unidad de cuidados intensivos estaba sumida en un silencio artificial, interrumpido solo por el rítmico pitido de los monitores. Alexander cruzó el umbral de la habitación de Elena con el peso de mil culpas sobre sus hombros, pero su rostro, entrenado en años de negociaciones implacables, no mostraba más que una máscara de mármol.
Elena abrió los ojos lentamente. La luz blanca le hirió la vista, pero lo que realmente le dolió fue ver la silueta imponente de Alexander jun