El escudo de la inocencia
El sol de la mañana bañaba la habitación de la clínica, dándole un aspecto de paz que contrastaba con la tormenta de los días anteriores. Elena estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada en las almohadas. Su rostro, aunque todavía pálido, irradiaba una luz nueva. El dolor físico de la cirugía parecía haberse desvanecido en el momento en que la puerta se abrió y una enfermera entró cargando un pequeño bulto envuelto en mantas celestes.
—Es hora de su alimento, se