La máscara de cristal
El teléfono de Alexander vibró sobre el escritorio con una insistencia agresiva. Era Marcus. Alexander contestó de inmediato, con la voz cargada de una esperanza violenta.
—Dime que ya cantó —espetó Alexander.
—Señor... —La voz de Marcus sonaba inusualmente tensa—. Matías está inconsciente. Le rompimos las manos, como ordenó. Lo presionamos hasta el límite, pero jura por su vida que no ha visto a la señora Elena. Incluso revisamos sus cuentas y su GPS; no hay rastro de con