: El veneno en la jaula de oro
Elena se quedó sentada en el borde de la inmensa cama, escuchando cómo el eco del motor del coche de Alexander se perdía en la distancia. El silencio de la mansión era sepulcral, una presión constante en sus oídos que la hacía sentir más sola que nunca. Se abrazó a sí misma, sintiendo el frío de la seda de sus sábanas contra su piel, cuando de repente, el sonido metálico de unos tacones golpeando el mármol del pasillo la puso en alerta.
La puerta de la habitación