: La cama de seda y el eco de una voz
El viaje de regreso a la mansión fue silencioso. Alexander conducía con una tensión evidente en su mandíbula. El silencio dentro del coche era tan denso que Elena sentía que podía ahogarla. Alexander mantenía las manos firmes sobre el volante, pero sus nudillos estaban blancos. De repente, el sistema de audio del vehículo se activó con un pitido insistente. Una llamada entrante.
Antes de que Alexander pudiera desconectar el Bluetooth, una voz femenina, suav