El teatro de la familia perfecta
Elena se dejó caer en su silla ergonómica, sintiendo que sus piernas todavía eran de gelatina. El aire acondicionado de la oficina, que usualmente le resultaba agradable, ahora le parecía un viento glacial que intentaba secar el sudor de su frente. Abrió su computadora con dedos temblorosos, fingiendo una diligencia que no sentía. Su mente seguía en aquel rincón oscuro de los archivos, sintiendo el calor del pecho de Alexander contra el suyo.
Apenas unos minutos