El reloj marca las nueve de la noche cuando Julian llega al departamento de Giorgia. La ciudad brilla al otro lado de los ventanales, pero la penumbra que envuelve la sala parece opacar cualquier destello exterior. Ella lo espera de pie, con los brazos cruzados, los labios tensos y el gesto de alguien que lucha por mantener la calma.
Apenas la puerta se cierra tras él, Julian nota la diferencia en su mirada.
—Giorgia… ¿qué pasó? —pregunta, dejando las llaves que Giorgia le dio en la mesa de