Joseph Lerner se levanta de la silla y camina en círculos por la oficina, como un depredador que estudia la presa desde distintos ángulos. La rabia se ha transformado en cálculo frío; ya no es una reacción visceral, es estrategia. Ha escuchado a su hijo levantar la voz en su propia cara, ha sentido la insolencia de ese desafío filial. Lo acepta mal, y lo que menos tolera es perder el control.
—No se trata solo de imponerse —murmura para sí—. Se trata de demostrar quién manda, de desactivar la