El golpe emocional que recibe Julian es como un cuerpo extraño que le atraviesa el pecho. Todo ocurre en cámara lenta: la luz mortecina del dormitorio, la sábana a medias, el cuerpo inmóvil de Giorgia, la sonrisa de Chase como una mueca de victoria. El mundo se contrae hasta ese punto y no hay nada más.
Julian da un paso adelante con las manos apretadas; la respiración le sale en jadeos cortos. No piensa, no calcula. Solo siente un incendio que le sube por la garganta y estalla en su puño. Un s