La orden, tan exigente y tan apasionadamente carnal de Julian, enloquece a Giorgia; siente un deseo inmenso y feroz de darle lo que quiere. El corazón se le acelera al reparar en su ardiente mirada sobre su cuerpo desnudo; sus ojos devoran cada centímetrode piel desnuda.
Con sus penetrantes ojos azules, Julian se arrodilla y la acerca al borde de la mesa. Le separa los muslos y se coloca las piernas de Giorgia sobre los hombros: ya no queda nada para la imaginación. Se deleita con su gemido ju